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El hombre que fue jueves
Pero Syme sentía en sus miembros un vigor sobrenatural, y en su mente una nitidez cristalina que parecía superiores a lo que en aquél instante hablaba o hacía. Sentía como si fuera portador de alguna buena noticia casi increíble, junto a la cual todas las demás cosas resultaban meras trivialidades, aunque encantadoras trivialidades.