-¡Que los demonios se lo lleven! -interrumpió Zorba, adivinando la continuación del cuento-. ¡Cortarse eso! ¡Que se vaya al diablo, el muy necio! Si ese pobrecito inocente no es impedimento para nada.
-¡Cómo! -insistí-. Si es el obstáculo mayor...
-¿Para qué?
-Para ganar el reino de los cielos.
Zorba me miró de soslayo, burlonamente.
-¡Si es ésa, idiota -dijo-, la llave del paraíso!
