octubre 27, 2010

Zorba el griego III

Este paisaje cretense se asemejaba, pensé entonces, a la buena prosa: bien cincelada, sobria, exenta de superfluas riquezas, potente y contenida. Expresaba lo esencial con los más sencilllos medios. No se chanceaba, negábase a todo artifiio. Decía cuanto había de decir, con viril austeridad. Pero entre las líneas severas se advertían una sensibilidad y ternura imprevistas; en las hondanadas, los limoneros y los naranjos embalsamaban el aire, y, más allá, del infinito mar emanaba inagotable poesía.