Por eso mueren de tanto en tanto los dioses, porque de repente se descubre que no significan nada, que son inutilidades hechas de madera y piedra, fabricadas por la mano del hombre.
En realidad, en ese momento el hombre sólo descubre que antes nunca había pensado nada sobre sus imágenes.
Y cuando comienza a pensar en ellas lo hace con la asistencia de lo que él llama razón, que por cierto no es más que la suma de sus prejuicios y sus miopías.

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